De acuerdo a los informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la obesidad y el sobrepeso han aumentado considerablemente en América Latina, siendo mayor el impacto en las mujeres y con una  tendencia al alza en niños y niñas. Agrava lo anterior que, producto del confinamiento por la pandemia, la actividad física disminuye y aumenta la cantidad de calorías que consumimos, por lo cual aumenta el sedentarismo y nuestro peso corporal.

Por otra parte, la obesidad respecto del COVID-19, tiene un impacto muy negativo, ya que estudios publicados determinan que ella agrava el pronóstico del coronavirus aún en personas jóvenes, afectándola tan negativamente como a una persona de edad más avanzada (60 o 70 años), transformándola en uno de los mayores factores de riesgo ante esta enfermedad.

El Jefe del Servicio de Nutrición y Alimentación Clínica del HMS, Nutricionista Manuel Morales, señaló: “La pandemia COVID19 ha tenido distintas repercusiones en la vida diaria. La alimentación se ha tenido que adaptar a nuevos desafíos tanto por la adquisición de alimentos como por la variedad y calidad de ellos. El confinamiento aumentó el consumo de alimentos y preparaciones no perecibles, productos en conservas o enlatados, con compras al por mayor, para evitar salir del hogar. Esto, lamentablemente, impacta en la compra de productos naturales, vegetales, frutas y productos frescos los que, por supuesto, van asociados a sus características de aporte de vitaminas y minerales fundamentales para mantener un buen estado de salud en general. Asimismo, la ansiedad y la angustia que se intensifican en este tiempo, impulsa la necesidad de aliviar estas emociones a través de la comida, incrementando el consumo de alimentos con alto contenido de calorías, grasas saturadas, azúcares simples, es decir la comida “chatarra”.

Como recomendación general, el profesional señaló que: “Hay que limitar el consumo de alimentos procesados y ultra-procesados por su aporte de ingredientes artificiales y químicos y, aunque parezca redundante, las recomendaciones son establecer horarios fijos de alimentación, respetar los tiempos de comida en los lugares de trabajo. Si se está tele trabajando, mantener una rutina de alimentación, incorporando la posibilidad de 2 porciones de verduras, de hojas verdes en su preferencia y 3 porciones de frutas al día, evitando los alimentos con mensajes y/o etiquetas (“ALTO EN”), y siempre tener en consideración la relación emocional y la alimentación. Asimismo, realizar una actividad física de acuerdo a las recomendaciones de salud y de aislamiento.”