La resiliencia es un término que proviene de la palabra latina “resilio” que significa “volver a reanimarse”. El concepto original se utilizaba para definir la capacidad de algunos metales para recuperarse o volver a su posición inicial después de soportar fuertes cargas o impactos.

Si bien hay variadas definiciones de la resiliencia, podríamos señalar que ésta es una habilidad para recuperarse o afrontar exitosamente circunstancias de la vida a pesar de la adversidad.

La población militar no está ajena a esta habilidad, sin ir más lejos, uno de los primeros estudios sobre este tema se dio luego de la Segunda Guerra Mundial, ya que investigadores se interesaron en averiguar cómo aquella gente que vivió eventos traumáticos fue capaz de sobreponerse a estos, estudiando soldados y veteranos de guerra quienes demostraron que un alto número de militares fueron capaces de procesar de manera efectiva un evento traumático.

Hay quienes consideran que la resiliencia es una habilidad innata, mientras otros autores plantean que es aprendida durante la vida. En cuanto a la frecuencia con que se presenta esta característica, hay autores que sostienen que la resiliencia ante un evento traumático es común, mientras que otros afirman que es una habilidad que se da solo en algunos.

En lo que parece haber más consenso es que la resiliencia puede ser aprendida a través del fortalecimiento de ciertos factores que influyen en ella. En este ámbito, la DIVSAL, ha desarrollado intervenciones en esta línea, la cual se centra en trabajar las siguientes habilidades:

  • Autoestima: Constructo que refleja como una persona se siente y piensa sobre sí misma.
  • Autoeficacia: Creencia en la capacidad de sí mismo para tener éxito en situaciones específicas o al realizar una tarea.
  • Soporte social y empatía: Contar con relaciones significativas, con personas para acudir en situaciones difíciles.
  • Flexibilidad ante cambios: Intentar ver los problemas desde diferentes perspectivas y no encerrarse solamente en una opción.
  • Regulación emocional: Sentirse a gusto con sus sentimientos, expresarlos con gente de confianza, controlando emociones que puedan interferir con sus emociones.
  • Control de impulsos: Capacidad para controlar/resistir los impulsos, tentaciones o impulsos de decir y hacer cosas que pueden interpretarse como inapropiadas, excesivas o en violación de las normas sociales.
  • Determinación: Creencia de poder sobreponerse a cualquier obstáculo, por ejemplo, ser destinado a otra unidad. En ese sentido, esta confianza permite que la gente pueda tomar riesgos y buscar nuevos desafíos.
  • Sentido del humor: Saber reírse de las situaciones de la vida y sobre sí mismo. Esto ayuda a afrontar dificultades que puedan presentarse.
  • Optimismo: Creencia de que las cosas pueden cambiar para mejor, tener esperanza en el futuro y la confianza de que pueden controlar el rumbo de sus vidas.

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