Si bien las enfermedades de salud mental suelen tener tratamientos médicos y de otros profesionales de la salud, las demencias generan una gran carga física, económica y social a los miembros de la familia que se hacen cargo de ellas (cuidadores informales).

El aumento en la esperanza de vida y la disminución de la natalidad en Chile nos muestran una población cada vez más envejecida y si bien las condiciones de vida han mejorado el 7,1% de las personas de 60 años y más presenta deterioro cognitivo, cifra que se duplicará cada 20 años aumentando con ello la cantidad de “cuidadores”.

El 74% de los cuidadores son mujeres; 39% tiene estudios secundarios y 47% terciarios. El 46,4% de los cuidadores está en edad laboral (20 a 60 años) y el 47% tiene entre 61 y 80.  Este cuidado generalmente es realizado por familiares que tienen escasa o nula información sobre la enfermedad y que incluso deben renunciar a sus empleos para cuidar del familiar enfermo.

Estudios estadounidenses reportan que los cuidadores hacen un mayor uso de medicamentos e informan de un mayor número de problemas crónicos de salud y de una peor respuesta inmune que las personas no cuidadoras.

Uno de los principales factores que se relaciona con el malestar del cuidador es la falta de apoyo social y la falta de satisfacción con los lazos sociales. El cuidador de enfermos de demencia se ve sometido a numerosas situaciones estresantes como resultado de la combinación de trabajo físico, presión emocional, restricciones sociales, así como las demandas económicas propias de cuidar a una persona enferma, lo que finalmente resulta en una “sobrecarga”.

Entonces, el estrés continuo termina transformándose en crónico, resultando en una tarea desgastante que se realiza diariamente con tareas monótonas, muchas veces con bastante esfuerzo físico y casi con completa disponibilidad. Toda esta sobrecarga, se traduce en un síndrome llamado “Burn-out” o “Síndrome del cuidador quemado” caracterizado por actitudes y sentimientos negativos en relación al enfermo que cuida, desmotivación, depresión o ansiedad, trastornos psicosomáticos, irritabilidad, desgano, sentimientos de agobio y dificultad en resolver problemas reales dada la aparición de comportamientos automatizados. Lo anterior, se puede asociar a sentimientos de baja autoestima y culpa.

Recomendaciones para el cuidador

  • Busque información con profesionales sobre aspectos médicos (tratamiento, medicación, evolución, etc) y aspectos prácticos (nutrición, higiene, movilidad, etc) de la enfermedad de su pariente.
  • Acepte la ayuda que le ofrezcan familiares y amigos.
  • Planifique las actividades diarias y organice los recursos.
  • No se olvide de sí mismo.
  • Si se siente “sobrepasado” o tiene síntomas de “Burn out” acuda a un profesional y grupos de autoayuda.
  • Sea paciente y sincero consigo mismo y con los demás.
  • Mantenga hábitos saludables.
  • Fomente la independencia del paciente.
  • No pierda contacto con sus amistades ni familiares.

Programa Salud Mental