Como todas las emociones, la ira tiene un propósito, por lo general, nos alerta que estamos sufriendo algún tipo de angustia. Esto es importante, porque aunque puede ser incómoda mental y físicamente, también puede motivarnos a abordar nuestras necesidades, deseos o amenazas percibidas. El problema ocurre cuando la ira no es bien procesada y como consecuencia se producen problemas y conflictos.

No todos procesan la ira siendo agresivos, algunas personas la expresan de forma pasivo-agresiva o la dirigen hacia sí mismosOtros la niegan, o se vuelven silenciosos y retraídos. Ninguna de estas reacciones son saludables, pero ocurren porque muchos de nosotros estamos predispuestos a la ira, ya sea por nuestra biología, por la forma en que otros nos trataron en el pasado, o por lo que aprendimos de otras personas. Sin embargo, cualquiera puede aprender a manejarla de manera más efectiva con un esfuerzo consciente.

Si bien la ira es necesaria, no es bueno que se presente de manera reiterada, ya que deja de cumplir su función adaptativa y comienza a generar problemas a nivel social, emocional y físico. Las emociones cumplen un rol en nuestra vida, pero no deben dominarnos, y mucho menos generar daños para nuestra vida.

Tres habilidades para manejar la ira

  1. Ejercicios de respiración y meditación centrados en la atención plena: Estos son de gran utilidad, ya que conectan con la calma y ayudan a examinar experiencias propias sin reaccionar ante ellas ni sentirse abrumado. Practicar la atención plena y la meditación permite aceptar que los pensamientos, sentimientos y reacciones físicas son solo temporales y no una parte fija de quién somos.
  2. Diálogo interno positivo: La persona con la que más hablamos en la vida es con nosotros mismos, por ello es interesante pensar ¿Cuántas veces al día nos hablamos de manera negativa y crítica? Increíblemente solemos ser muy duros con nosotros, de ahí la importancia de trabajar en tener mayor consciencia de esto y de las experiencias que tenemos diariamente.

 Si se practican en conjunto las habilidades de atención plena y de diálogo interno positivo, se ha encontrado que se reduce la reactividad, se fortalece la autonomía, se promueve la sensibilidad emocional, mejora la comprensión de nuestras heridas de infancia y se mejora la capacidad de comunicación.

  1. Autoconciencia: Es una habilidad que se puede trabajar mediante el registro de situaciones que generan ira, lo cual permite profundizar en cada experiencia y analizar otras perspectivas, considerando los sentimientos y pensamientos que preceden y siguen a un evento desencadenante.

Al revisar sus pensamientos y estar abierto a nuevas formas de pensar, así como comprender su historia y emociones personales, podemos aprender a ser más amables y empático con nosotros mismos y con los demás.

Por lo tanto, si tienen amigos, compañeros de trabajo o familiares que a veces pierden los estribos ante la menor provocación, recuerde no fomentar más enojo, en su lugar, entrégueles herramientas de ayuda, ya que sentir ira con frecuencia es una carga para su cuerpo y su salud, sin mencionar su vida laboral y sus relaciones interpersonales.

La atención plena, la autocompasión y la autoconciencia pueden llevarnos a una mayor compasión por quienes nos rodean y a relaciones más auténticas y felices.

Adriana Medellín Vargas
Psicóloga Asesora Programa de Medicina Preventiva “Salud Mental”