Dormir placenteramente es fundamental para una buena calidad de vida, ya que nos permite enfrentar con energía y buena disposición las actividades del día laboral. Por el contrario, un mal descanso nocturno tiene una serie de efectos secundarios: irritabilidad, falta de concentración, fallas en la memoria, cefaleas y alteraciones del ánimo. Además, puede descompensar diversas patologías crónicas: epilepsia, diabetes, obesidad, trastornos del ánimo, cardiopatías e hipertensión arterial.

Producto del estallido social de octubre de 2019, gran parte de los chilenos ya dormían mal, lo cual se vio acentuado con la llegada de la pandemia, provocando un alto incremento en las consultas a los especialistas: “…durante los últimos doce meses, hemos tenido un considerable incremento en la solicitud de consultas de nuevos pacientes, y algunos, que ya estaban con problemas de sueño, empeoraron sus síntomas. En gran parte, los problemas de sueño son secundarios a altos niveles de ansiedad y tienen un origen multifactorial: miedo a lo desconocido, contagios familiares, duelos inesperados, pérdidas de empleos y en ocasiones a una mala percepción de la cantidad de sueño”, señaló el Dr. Mauricio Bravo, neurólogo del Hospital Militar de Santiago.

Si bien los trastornos del sueño por la pandemia han afectado transversalmente a todas las personas, los más perjudicados han sido los niños pequeños (clases desde casa, cambios en sus rutinas, y las restricciones para ver a los amigos, han incidido negativamente en un buen descanso nocturno) y los adultos mayores (cambios ambientales, falta de un lugar adecuado para trabajar, multiplicidad de tareas a cumplir, estrés, falta de acceso a atenciones médicas e inestabilidad laboral, son algunas causantes del mal dormir), y las personas en tratamiento, han exacerbado sus síntomas de base.

Pero, ante la duda de ¿qué hacer para mejorar el descanso nocturno?, el Dr. Bravo indicó que: “…las principales medidas son mantener los buenos hábitos de sueño, entre éstas, no tomar café ni bebidas energizantes en la tarde, evitar el consumo de alcohol y tabaco en la noche, así como el uso de computador, celular y similares, por lo menos, una hora antes de dormirse. Evitar las siestas, y si lo hace, que duren menos de 30 minutos y que sean antes de las 16:00 horas. Recuerde que hay que vivir de día y dormir de noche”.

Consejos prácticos:

  • Dormitorio solo para descanso y vida en pareja.
  • Cenar hasta dos horas antes de dormir.
  • Desconectarse media hora antes de dormir con una lectura liviana, música o actividad de relajación, como la meditación.