1,440 minutos tiene el día, y sólo basta destinar 30 de ellos para sentirse bien y cuidar su salud.

Habiendo escuchado y leído todas las recetas para sentirse y verse bien, llegamos a la conclusión de que el gran secreto para tener una vida más duradera y placentera se llama “actividad física”.

En este tiempo de pandemia, con restricción de movimientos y confinados en espacios reducidos, se hace necesario aprovechar cualquier momento y lugar para “movernos”. Como sabemos, la actividad física puede retrasar o prevenir la diabetes, algunos tipos de cáncer y problemas cardíacos. Asimismo, las personas activas viven más tiempo y se sienten mejor, el ejercicio puede ayudarlos a mantener un peso saludable y a reducir, entre otras, el dolor de la artritis, los síntomas de la ansiedad y de la depresión, por consiguiente, también ayudará que las personas mayores sean más independientes.

Dentro de los 30 minutos señalados de actividad física moderada (ojalá cinco días a la semana) y que se puedan desarrollar en casa o en sus alrededores, se pueden considerar: caminatas enérgicas, cortar el césped, bailar, como actividad recreativa, o andar en bicicleta. Estirarse, hacer abdominales y levantar pesas también fortalecen el cuerpo y mejoran su condición física.

El Dr. Fernando López Gallardo, Jefe de la Unidad de Geriatría del HMS, al respecto señala: “para lograr un envejecimiento saludable y activo, el ejercicio físico al menos tres veces a la semana, por treinta minutos es fundamental, incluso para la memoria y la mantención de la autonomía en el hogar”.

Son cuatro tipos principales de ejercicios, y las personas mayores necesitan un poco de cada uno:

· Actividades de resistencia – como caminar o andar en bicicleta – que desarrollan resistencia y mejoran la salud del corazón y el sistema circulatorio.

· Ejercicios de fortalecimiento, que desarrollan tejido muscular y reducen la pérdida muscular relacionada con la edad.

· Ejercicios para estirar los músculos, para mantener el cuerpo ágil y flexible.

· Ejercicios de equilibrio para reducir las posibilidades de sufrir una caída.