De acuerdo a cifras oficiales del Ministerio de Salud, el año 2017 hubo una cantidad 173 donantes, la cual bajó bruscamente el año 2018 al alcanzar los 119 donantes. Este año, sólo llevamos 11 de ellos, cifra que nos lleva a pensar que, por segundo año consecutivo, podríamos estar muy por debajo de las cantidades estimadas.

La realidad descrita, nos debe incentivar a que cada persona y su grupo familiar más cercano, comprenda la importancia que este acto de amor significa, ya que es la única alternativa de tratamiento que tienen más de 1.700 pacientes que están en lista de espera en nuestro país. En el caso de los pacientes que esperan un corazón, hígado o pulmón, el trasplante es la única opción para seguir viviendo. A quienes esperan un riñón, el trasplante les permite dejar de dializarse, mejorando significativamente su calidad de vida.

Asimismo, y ante la lamentable pérdida de un ser querido, es fundamental haber conversado el tema familiarmente ya que, si el fallecido manifestó en vida su voluntad de ser o no donante, se debe respetar su voluntad. Esto, junto con facilitar la decisión, ayuda a manejar mejor el duelo al tener la certeza de estar prolongando la vida del ser querido, al ayudar a vivir a quien no tiene otra opción que el trasplante.

La donación, junto con ser un acto voluntario, altruista y gratuito, es el acto más sublime del ser humano, ya que es un acto de infinito amor al regalar una esperanza de vida cierta, a quien más lo necesita.

Por último, recordar que la ley chilena establece que desde los 18 años se considera donante a toda persona fallecida, a menos que en vida haya manifestado lo contrario. En el caso de menores de 18 años, sólo los padres o el representante legal pueden autorizar la donación.